Hablar del Ramen exclusivo Ginger Fizz es hablar de una manera particular de entender la cocina: sencilla en apariencia, pero afinada en cada detalle. En Ginger Fizz Bar han encontrado ese equilibrio entre producto, técnica y sensibilidad que convierte un bol de ramen en una experiencia más amplia, casi emocional. La primera impresión es visual; la segunda, un aroma profundo que ya invita a la calma.

El caldo, elaborado con la paciencia que esta preparación exige, sostiene el conjunto con una elegancia inesperada. Los fideos llegan en su punto justo, los shiitake aportan ese toque terroso tan agradecido y el chashu, tierno y bien marcado, suma la capa de umami que redondea cada bocado. El huevo marinado —perfecto, cremoso, honesto— confirma que aquí nada se deja al azar.
Ginger Fizz Bar, un espacio que sorprende
Más allá del bol, Ginger Fizz Bar construye una atmósfera íntima, casi recogida, ideal para quienes buscan un momento de pausa. El local se ha convertido en un pequeño refugio gastronómico dentro de Zaragoza, un lugar donde el ramen se prepara con respeto y se sirve con mimo. Esa combinación explica por qué su propuesta está ganando tanta fidelidad entre los amantes de la cocina asiática.
Ginger Fizz Bar, un espacio que sorprende
Más allá del bol, Ginger Fizz Bar construye una atmósfera íntima, casi recogida, ideal para quienes buscan un momento de pausa. El local se ha convertido en un pequeño refugio gastronómico dentro de Zaragoza, un lugar donde el ramen se prepara con respeto y se sirve con mimo. Esa combinación explica por qué su propuesta está ganando tanta fidelidad entre los amantes de la cocina asiática.




