Cuatro rutas micológicas por Aragón para descubrir el bosque con otros ojos

Bosque del Moncayo en otoño

El otoño invita a mirar más despacio. Entre los pinares de Teruel y los bosques del Moncayo, cuatro recorridos proponen caminar, aprender a reconocer el paisaje y descubrir la cultura de las setas. Con cesta o sin ella, la escapada tiene premio: el bosque, los pueblos y una buena mesa al final del camino.

Hay excursiones que empiezan con una pregunta: ¿habrá salido alguna seta? Y terminan dejando otra respuesta: aunque la cesta vuelva vacía, el día habrá merecido la pena. Caminar bajo los pinos, encontrar una fuente entre los árboles o sentarse a comer en un pueblo son razones suficientes para preparar las botas.

Las siguientes propuestas combinan un sendero expresamente dedicado a las setas con caminos por territorios vinculados a la cultura micológica. No son una promesa de recolección: la aparición de hongos depende del tiempo y, antes de recoger, hay que consultar la normativa del lugar.

1. Bronchales: un paseo para aprender a mirar

En la Sierra de Albarracín, Bronchales ofrece una forma especialmente agradable de empezar. Su sendero micológico se adentra en el pinar con una idea sencilla: conocer mejor aquello que crece a nuestros pies. El folleto del recorrido describe paneles interpretativos y réplicas de setas, una ayuda para despertar la curiosidad incluso cuando el bosque no muestra sus frutos.

El itinerario puede iniciarse en Bronchales o junto al camping Las Corralizas. El folleto municipal describe un recorrido de 5,6 kilómetros, con pendientes moderadas. Antes de salir conviene comprobar el estado actual de la señalización. Después, el pueblo invita a quedarse a comer y a conocer su cocina serrana.

Consultar el recorrido de Bronchales.

2. El Moncayo: camino de fuentes y bosque

San Martín de la Virgen de Moncayo es un buen punto de partida para acercarse a una montaña muy querida en Zaragoza. Desde el Ayuntamiento, el camino se dirige hacia La Presa y el río Matalapuente. Atraviesa el entorno de la fuente de la Calera y continúa hacia la fuente de la Teja y Agramonte; la vuelta pasa por Villapulga y el camino de Vozmediano.

Es una ruta circular de 12,7 kilómetros, con unos 410 metros de subida acumulada. Reservad tiempo, calzado adecuado y ganas de caminar: no es un paseo corto. En San Martín se puede preguntar por el Centro Micológico y por la cocina de temporada. Si las setas están en carta, es una buena manera de disfrutarlas sin convertir el bosque en una despensa sin reglas.

Consultar el mapa y el recorrido del Moncayo.

Setas silvestres sobre musgo en un bosque
Setas silvestres en el bosque. Foto: Kristijan Arsov / Unsplash. Imagen ilustrativa, sin localización acreditada.

3. Dornaque: pinos, rocas y pinturas rupestres

En los Pinares de Rodeno, el paisaje mezcla los tonos de la roca con el verde del bosque. La ruta sale del entorno del aparcamiento del Centro de Interpretación de Dornaque y recorre el barranco de las Tajadas hasta la Peña del Hierro, antes de regresar al punto de partida.

Son 4,5 kilómetros circulares en un espacio donde, además de caminar, se pueden observar abrigos con pinturas rupestres y detenerse ante el paisaje. Dornaque es también uno de los puntos de referencia del territorio micológico de la Sierra de Albarracín. No es necesario recoger nada para disfrutarlo: basta con mirar sin alterar el entorno.

Consultar el mapa de Dornaque.

Pinos y rocas del paisaje protegido de los Pinares de Rodeno
Pinares de Rodeno. Foto: Jose Rumí, CC BY-SA 4.0.

4. La Olmedilla: fuentes y vistas en la Sierra de Gúdar

Esta propuesta, en el entorno de Mora de Rubielos, cambia el ritmo: hay más desnivel y también más motivos para detenerse. Se parte del aparcamiento situado junto a la carretera A-228, en el punto kilométrico 24,700, y se baja hacia Fuen Narices. Después llegan el barranco del Arco, la fuente de los Gamellones y la subida al pico de la Olmedilla. El regreso atraviesa un pinar y permite acercarse a la cascada de la Hiedra.

El recorrido circular suma 8,8 kilómetros y 440 metros de subida. Es una opción para quien esté acostumbrado a andar por montaña, no para improvisar a última hora. Los pinares de la comarca tienen tradición micológica; la presencia de setas en un día concreto, naturalmente, dependerá de las condiciones.

Consultar el mapa de la Olmedilla.

Dónde parar a comer

Una caminata se redondea bien alrededor de una mesa. En Bronchales, el directorio del Ayuntamiento ayuda a elegir. Cerca de Dornaque, el restaurante El Molino, en Bezas, anuncia cocina tradicional. En Mora de Rubielos, la carta de Masía La Torre incluye arroz con setas; conviene confirmar antes los platos disponibles y reservar.

Para llevar un recuerdo comestible, en las tiendas de la zona se puede preguntar por jamón de Teruel o productos de trufa. Una conversación con quien los prepara o los vende también forma parte de la escapada.

Antes de salir: el bosque se disfruta con cuidado

Consulta la previsión, lleva agua, ropa adecuada y el teléfono bien cargado. Descarga el mapa antes de salir y adapta la ruta a tu preparación. Unos prismáticos y la cámara pueden añadir buenos recuerdos a la mochila.

Si quieres recolectar, comprueba antes si el terreno exige permiso y cuáles son sus límites. En zonas reguladas se necesita autorización y en espacios protegidos pueden aplicarse reglas específicas. Puedes consultar las normas de Aragón y preguntar al gestor local.

No consumas una seta si no ha sido identificada con seguridad por una persona experta. Ante la sospecha de intoxicación, llama al 112 o al Servicio de Información Toxicológica, 91 562 04 20, o acude cuanto antes a urgencias.

El mejor recuerdo no tiene por qué ir en una cesta. A veces basta una fotografía, un buen almuerzo y la sensación de haber conocido un poco mejor el lugar por el que hemos caminado.

Fotografía principal: Abel Muñoz, CC BY-SA 3.0 ES. Imagen reducida.

Imagen de Florentino Fondevila

Florentino Fondevila

Director de La Buena Vida en Zaragoza

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