Concurso Jóvenes Promesas Rubén Ríos: ganadores, platos y claves
Concurso Jóvenes Promesas Rubén Ríos es, cada año, un pequeño termómetro de lo que se está cocinando en las escuelas. Y este año el termómetro ha subido: en el CPIFP San Lorenzo de Huesca se midieron seis equipos y el jurado habló de “alto nivel culinario”. Tradición, sí, pero sin nostalgia de cartón piedra: técnica, orden y producto con sentido.

Los ganadores fueron Israel Gracia y Djiby Niang, del IES Pedro de Luna (Zaragoza). Su plato principal —un guiso de tajo bajo de Ternasco de Aragón IGP— jugó con salsa de anacardos (con trufa), boniato, café y borraja. Y para el dulce apostaron por una fusión con intención: “Briwead a la aragonesa”, cruce entre el crespillo y un dulce marroquí de almendra y miel, presentado como sushi y con hidromiel para mojar. Suena atrevido… pero la audacia, cuando está bien cocinada, suele ganar.

El segundo premio se quedó en casa: Mercedes Escobosa y Héctor Gutiérrez (CPIFP San Lorenzo) subieron al podio con un “Braseado Noble” y una “Lámina dorada” con teja de almendra de Guara, emulsión de AOVE DOP Somontano y Melocotón de Calanda DOP en almíbar. El tercer puesto fue para Pablo Roque y Santiago Chao (IES Miralbueno), con una “Triada de liebre” y un “Capricho de manzana” inspirado en la tarta de la abuela.

Con el patrocinio principal de Aragón Alimentos y el apoyo del Gobierno de Aragón, el certamen obliga a mirar al territorio: figuras de calidad, productos con nombre y apellidos, y una cocina que no se avergüenza de ser aragonesa. Ese enfoque —producto primero, técnica después— se nota en los platos y, sobre todo, en la cabeza de quienes cocinan.

Durante la mañana, un jurado técnico valoró higiene, orden, uniformidad y técnica; y, en la degustación final, el jurado puso nota al sabor, la presentación y el conocimiento real del producto. Es decir: no bastaba con “emplatar bonito”. Había que cocinar con criterio.
Este tipo de concursos importan por una razón muy clásica: hacen cantera. Y cuando hay cantera, hay continuidad. Por eso, el Concurso Jóvenes Promesas Rubén Ríos no va solo de premios; va de formar oficio, de aprender a trabajar bajo presión y de respetar la despensa aragonesa sin convertirla en un museo.

En resumen: el Concurso Jóvenes Promesas Rubén Ríos sale reforzado y deja una idea clara: el futuro no viene a romperlo todo, viene a cocinar mejor —con raíces y con cabeza—.
Opinión de La Buena Vida
Lo más interesante no es el titular del podio, sino la manera en la que el alumnado trabaja el producto local sin caer en el folklore. Cuando un concurso premia orden, técnica y respeto por el ingrediente, está premiando futuro. Y eso, en Aragón, es una buena noticia. La única pega: ojalá estos talentos encuentren luego cocinas con horarios y condiciones que no los quemen antes de tiempo. (La cantera hay que cuidarla, si no se te queda en promesa.)






