Tradición, oficio y ciudad: el alma del Premio Lanzón Zaragoza
Hay actos que pasan y otros que dejan huella. El Premio Lanzón Zaragoza pertenece claramente al segundo grupo. No es solo un reconocimiento: es una declaración de lo que una ciudad valora.

En el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza se ha celebrado una de esas citas que combinan emoción, oficio y cierta verdad que no siempre se ve. Y es que la pastelería, cuando es artesana, no es solo producto: es memoria.
Alberto Jiménez Schuhmacher, ciencia con impacto real
El Premio Lanzón 2025 ha recaído en Alberto Jiménez Schuhmacher, investigador y referente en oncología molecular. No es un perfil habitual en este tipo de galardones, y precisamente por eso tiene sentido.
Porque la ciudad también reconoce a quien trabaja desde otro plano: el de la ciencia. Su labor en la investigación del cáncer y su compromiso con la divulgación lo convierten en una figura que trasciende el laboratorio.
Y ahí está el acierto: unir lo dulce con lo esencial.
El valor de una vida en el obrador
Pero si hubo un momento especialmente honesto, fue el reconocimiento a José Antonio Ferrer Marquina, del histórico Horno Ismael.
Aquí no hay titulares grandilocuentes. Hay algo más valioso:
- constancia
- discreción
- oficio
Zaragoza y su patrimonio dulce
La Asociación Provincial de Pasteleros de Zaragoza no solo entrega premios. Custodia una forma de entender el producto, el tiempo y el relevo generacional. Y eso, hoy, tiene más valor que nunca. Porque mientras todo corre, hay quien sigue trabajando despacio. Y eso también merece un aplauso.
PLUS La Buena Vida
El Lanzón de San Jorge no es solo un dulce. Es un símbolo. Y este premio lo recuerda: detrás de cada producto hay historia, manos y una ciudad entera.







