La garnacha vuelve a reivindicar su sitio
Hay eventos que funcionan como termómetro de un sector. Y la verdad es que la XXII Muestra de Garnachas volvió a dejar una sensación bastante clara: el vino aragonés mantiene prestigio, músculo comercial y una enorme capacidad de convocatoria, pero también cierta preocupación por el momento que atraviesa el consumo de vino en España y Europa.
El salón La Rotonda del Gran Hotel de Zaragoza reunió este miércoles a profesionales, distribuidores, medios especializados y representantes institucionales en una inauguración donde la palabra más repetida, quizá de manera implícita, fue “futuro”. Futuro del territorio. Futuro del viñedo. Futuro de una garnacha que lleva años viviendo una segunda juventud gracias al reconocimiento internacional.

La consejera de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, Arancha Simón, eligió precisamente este acto como uno de sus primeros grandes escenarios públicos. Y no fue casual. La DO Campo de Borja se ha convertido desde hace años en una de las marcas agroalimentarias más sólidas de Aragón fuera de nuestras fronteras.
XXII Muestra de Garnachas y el valor del territorio
Durante su intervención, Arancha Simón destacó la capacidad de adaptación internacional de los vinos de Campo de Borja y defendió el papel estratégico del sector vitivinícola en Aragón, especialmente por su capacidad para generar empleo y fijar población en el medio rural.
No fue un discurso especialmente grandilocuente. Más bien al contrario. Sonó práctico. Incluso con un pequeño mensaje político entre líneas cuando reclamó alejar “la burocracia excesiva y redundante” que llega desde Bruselas y que, según apuntó, complica el trabajo diario de bodegas y viticultores.
Y es que detrás del brillo de las copas hay una realidad bastante menos romántica: costes crecientes, descenso del consumo tradicional y una competencia internacional cada vez más agresiva.
También Eduardo Arilla, alcalde de Borja y diputado provincial, puso el foco en la internacionalización, mirando especialmente hacia China como mercado estratégico para el futuro de la garnacha aragonesa. Puede sonar ambicioso, incluso lejano, pero la DO Campo de Borja lleva años jugando precisamente esa partida internacional.

Cien vinos y doce bodegas para entender una denominación
La XXII Muestra de Garnachas reúne a las doce bodegas de la denominación: Ainzón, Alto Moncayo, Aragonesas, Borsao, Cabal, Cooper Cellars, Morca, Pagos del Moncayo, Palmeri Sicilia, Picos, Román y Ruberte.
En total, cerca de cien referencias convierten el Gran Hotel en una especie de viaje líquido por las distintas interpretaciones de la garnacha: versiones más clásicas, perfiles modernos, vinos de alta extracción, etiquetas más atlánticas o propuestas claramente orientadas al mercado internacional.
Además, la muestra incorpora el respaldo gastronómico de productos aragoneses con enorme peso identitario como el Ternasco de Aragón IGP, la DO Jamón de Teruel y Aceite Sierra del Moncayo.
La combinación funciona. Y funciona porque habla de territorio real, no de marketing vacío.

Una cita que sigue teniendo tirón
La jornada inaugural estuvo reservada exclusivamente para profesionales y canal Horeca, aunque desde este jueves el público general podrá acceder a una muestra que mantiene un poder de convocatoria muy notable. De hecho, las entradas para el viernes ya están agotadas.
Eso también dice algo importante: la garnacha interesa. Y quizá más de lo que algunos creen.
Porque, más allá de discursos institucionales o cifras de exportación, lo que se vio este miércoles en Zaragoza fue algo bastante sencillo de explicar: mucha gente todavía quiere reunirse alrededor de una copa de vino para hablar, probar, discutir y disfrutar. Y en tiempos de consumo rápido y experiencias fugaces, eso casi empieza a parecer un pequeño lujo.






