La croqueta sigue siendo una de las grandes obsesiones gastronómicas de Zaragoza. Crujiente por fuera, cremosa por dentro y capaz de levantar debates casi futboleros entre barras y mesas altas. Y en ese terreno, Dalai Valdespartera ha vuelto a impone
Una final con más nivel y menos casualidad
La verdad es que hace tiempo que este concurso dejó de ser una simple excusa popular alrededor de la croqueta. Hoy funciona casi como un pequeño campeonato técnico donde los cocineros afinan masas, fondos, texturas, rebozados y presentaciones con una precisión que hace unos años era impensable en este tipo de certámenes.
Y eso se notó especialmente en la gran final celebrada este año. El jurado, formado por 16 profesionales vinculados a la gastronomía, la comunicación y los productos aragoneses, destacó precisamente el altísimo nivel culinario y el esfuerzo de los establecimientos por diferenciarse.
El gran vencedor volvió a ser Dalai Valdespartera con “La Tragachicos”, una croqueta de pollo que además consiguió el premio especial Aldelís a la mejor elaborada con carne de pollo o pavo. Ángel Marco, propietario del establecimiento, reconocía tras recoger el premio que “llevamos todo el año trabajando” y que el nivel era tan alto que podía haber ganado cualquiera.
Concurso de Croquetas Zaragoza 2026 y una

hostelería cada vez más creativa
Más allá del ganador absoluto, la edición dejó nombres propios muy interesantes.
Kentya logró la mejor croqueta elaborada con Alimentos de Aragón gracias a “Croquemuuuu”, una propuesta de rabo de vaca guisado con Garnacha Centenaria, foie y Cebolla Fuentes de Ebro DOP caramelizada.
Sophia repitió triunfo en la categoría de Jamón de Teruel DOP, mientras Mesón Los Cántaros se llevó el premio al mejor uso de Ternasco de Aragón IGP con su “Ternasqueta”.
Especialmente llamativa fue también la propuesta de Envero, premiada como mejor croqueta innovadora por una combinación de bacalao al pilpil, coral de carabinero y gel de lima y miel. Una receta bastante arriesgada para un formato tan tradicional. Y es que quizá ahí está el gran cambio del concurso: la croqueta ya no es solo cocina de aprovechamiento elegante. Ahora también es laboratorio creativo, identidad gastronómica y carta de presentación para muchos establecimientos.
Por qué importa este concurso
Puede parecer un certamen menor, pero no lo es. Este tipo de eventos ayudan a elevar el nivel medio de la hostelería y, además, generan una narrativa gastronómica propia para Zaragoza.
Hay algo interesante en todo esto: Aragón siempre ha tenido gran producto, pero durante años no supo convertirlo en relato contemporáneo. Concursos como este —bien organizados, populares y con presencia de producto local— ayudan precisamente a eso.
Porque detrás de cada croqueta premiada aparecen nombres como Ternasco de Aragón IGP, Jamón de Teruel DOP, Cebolla Fuentes de Ebro DOP, vinos aragoneses o cervezas locales. Y esa suma de pequeños detalles construye territorio gastronómico.

En 30 segundos
- Dalai Valdespartera gana el VIII Concurso de Croquetas
- “La Tragachicos” revalida el título absoluto
- Kentya triunfa con Alimentos de Aragón
- Sophia repite con Jamón de Teruel DOP
- Envero firma la croqueta más innovadora
- San Siro y La Cava destacan en maridajes
La mirada de La Buena Vida
La croqueta tiene algo muy serio detrás de su apariencia informal. Obliga a dominar técnica, equilibrio y memoria gustativa. Y además no admite demasiados trucos: si falla la bechamel, el conjunto se hunde. Quizá por eso estos concursos funcionan tan bien como termómetro real del nivel de una cocina. Lo interesante de Zaragoza es que cada año aparecen propuestas más afinadas y menos previsibles. Y eso, sinceramente, hace unos años no ocurría.

Fotos Cristina Martínez. Estudio Almozara






