
El Día Mundial del Enoturismo vuelve a poner el vino en el centro del viaje. La Red de Pueblos Gastronómicos de España propone para esta fecha un recorrido por seis destinos que entienden la cultura vitivinícola desde lugares distintos: Alcázar de San Juan, Tomelloso, Almendralejo, Baena, la Sierra Oeste de Madrid y Cangas del Narcea.
Según la información facilitada por la Red, la celebración tendrá lugar el domingo 8 de noviembre de 2026. La propuesta reúne bodegas, cuevas, museos, cooperativas, viñedos y espacios patrimoniales para acercarse al vino sin separarlo del paisaje, la historia y la mesa.
Alcázar de San Juan, vino bajo los molinos
Alcázar de San Juan empieza por el Cerro de San Antón y su Mirador de La Mancha. Allí se levantan los molinos Rocinante, Fierabrás, Dulcinea y Barcelona, dos de ellos visitables: uno como Centro de Interpretación del Paisaje Manchego y otro con una reconstrucción de la maquinaria del siglo XVI.
El vino tiene también su propio espacio en el Centro de Interpretación del Vino, sede del Consejo Regulador de la D.O. La Mancha. El recorrido repasa la historia del vino embotellado con denominación de origen y conserva un patio manchego con prensas, tinajas, bombas manuales y otros objetos vinculados al trabajo tradicional de las bodegas.

Tomelloso, un viñedo que se pierde en el horizonte
Tomelloso pertenece a la gran zona vitivinícola manchega y mantiene una relación antigua con el vino. Sus campos conducen a bodegas tradicionales, cuevas-bodega, destilerías, alcoholeras y bombos, construcciones de piedra seca que forman parte de la identidad del territorio.
El municipio concentra además durante noviembre una programación dedicada al vino. Las visitas a bodegas y cuevas se combinan con propuestas culturales para conocer una tierra en la que la viña no es solo un cultivo, sino una forma de ordenar el paisaje y la vida cotidiana.
Almendralejo, entre el tinto y el cava
Almendralejo se sitúa en Tierra de Barros, dentro de la D.O.P. Ribera del Guadiana. La zona elabora tintos, blancos y rosados, además de espumosos y generosos. La Tempranillo y la Garnacha tienen un peso destacado, aunque la diversidad de elaboraciones amplía el recorrido.
La ciudad es también conocida como la Ciudad del Cava. El Museo de las Ciencias del Vino ofrece una puerta de entrada a esta tradición, mientras la Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana conecta bodegas, gastronomía y territorio. En la mesa aparecen productos extremeños como las migas, el jamón y las verduras de la huerta.
Baena, tres copas y una sobremesa
En Baena, la Bodega Jesús Nazareno concentra buena parte de la memoria cooperativa del municipio. La propuesta de la Red presenta tres vinos para acercarse a su paisaje: el fino Cancionero de Baena, con ocho años de crianza biológica; el Castillo de Baena 2015, elaborado con Tempranillo y Syrah; y un PX de perfil dulce y untuoso.
El recorrido se entiende mejor acompañado por la cocina local, con salmorejo e ibéricos como parte de una sobremesa en la que el vino deja de ser una visita aislada y pasa a formar parte de la conversación.
Sierra Oeste de Madrid, la huella de los monjes
La Sierra Oeste de Madrid propone un enoturismo ligado a la historia y al suelo granítico. La llegada de los monjes cistercienses al Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, en el siglo XII, dejó una huella visible en los bancales y las terrazas cultivadas entre los pinares de Pelayos de la Presa.
En los viñedos de la D.O. Vinos de Madrid aparecen variedades como el Albillo Real y la Garnacha Tinta. El recorrido suma el Castillo de la Coracera, el Palacio de Villena, el Museo del Vino de Villa del Prado y las bodegas familiares. Las catas a pie de viña completan una experiencia más pausada, relacionada con la memoria rural y el trabajo de cada parcela.
Cangas del Narcea, viticultura heroica en el norte
En Cangas del Narcea, las laderas escarpadas convierten el cultivo de la vid en un trabajo exigente. El histórico Paseo del Vino conduce desde el barrio de Santiso hacia las fincas de Las Barzaniellas y permite leer el paisaje antes de entrar en bodegas como el Monasterio de Corias.
La experiencia se completa en bodegas tradicionales y familiares, en los pagos de la D.O.P. Cangas y en los valles vecinos de Ibias. Las visitas, las catas con productos del territorio y la conversación con los viticultores ofrecen una forma cercana de conocer una viticultura que la Red define como heroica.
Seis destinos, seis maneras de acercarse al vino. El enoturismo que propone la Red de Pueblos Gastronómicos de España no se limita a visitar una bodega: invita a entender cómo una copa puede reunir paisaje, patrimonio, cocina y trabajo.
La relación entre vino y territorio también está presente en otros recorridos que hemos publicado en Sabores Aragoneses y en nuestra mirada a las Fiestas del Tubo, dos formas distintas de acercarse a la cultura gastronómica.




