Un vino de altura, 1428, de la SAT Niño Jesús, DOP Calatayud, para el tapeo cotidiano

El gerente de la cooperativa Niño Jesús, de Aniñón, Jesús Abad presentó el nuevo vino de la cooperativa, 1428, que alude a la altitud del monte Estecillo, en su
término municipal, segunda cima del sistema Ibérico tras el Moncayo y que solamente se distribuye a través de hostelería.

Abad explicó  en un encuentro con medios especializados las peculiaridades de esta cooperativa, que «dispone de un importante potencial debido a su ubicación en altura y la estabilidad que le confiere la producción de diversos alimentos». Pues a más de 700 metros de altitud, Niño Jesús produce cerezas, melocotones, peras, ciruelas, almendras, aceite de oliva extra virgen y, por supuesto vino, enmarcado dentro de la DOP Calatayud. De ahí que, aunque algún
año falle un sector productivo, nunca lo hacen todos a la vez.

Explicó el gerente que exportan sus variados productos a países como Estados Unidos, Perú, Colombia, Emiratos Árabes y Singapur, además de Europa. Respecto al vino, han pasado de comercializar el 95 % a granel, a crecer en botellas hasta alcanzar el 40 % actual. De hecho, en apenas cuatro años se ha pasado de comercializar 12 000 botellas, hasta las 120 000 del pasado ejercicio.

Aunque Estecillo es la marca emblema de Niño Jesús, acaban de lanzar una marca exclusiva para hostelería, 1428, que alude a la altura de dicho monte. Manuel Cristóbal, enólogo de la casa, explicó que se trata de una mezcla de garnacha y syrah, con una elevada proporción de viñas viejas, criadas en vaso, incluso de más de 70 años. Las dos variedades se vinificaron por separado y, tras el ‘coupage’, experimentaron juntas la fermentación maloláctica. Elaborado con microoxigenación, y un leve paso por madera, resulta un vino «fresco y joven, con complejas notas frutales en la nariz», sin esconder el toque de madera, lo que se aprecia mejor una vez que ha respirado, con notas a bosque, especias y café. En boca se presenta apetecible, con taninos suaves y redondos, mejorando sin duda en compañía de una tapa o un buen plato.

Aprovechando la presentación, se probó también el Estecillo blanco 2016, la única añada que no ha logrado un bacchus –oro en 2015, plata en 2017–, pero que se presentó como un vino singular, perfecto en sus matices tras más de un año de vida. «Buscábamos –explicó Cristóbal– un vino más complejo, por lo que experimentó un ‘batonnage’ de tres meses, permaneciendo en barrica junto a sus lías. Un vino que no perdiera la tipicidad del macabeo –es monovarietal–, pero que aportará aromas secundarios».Que se mantiene muy vivo –hubo quien encargó una caja tras probarlo– y del
que quedan pocas unidades, pues en apenas un mes llegará el Estecillo 2017, más frutal y  fresco, que se podrá encontrar en las tiendas por menos de cuatro euros, con una excelente relación calidad-precio.

 

Vinos para la exportación, como Figaro o Las Capas, así como Rubus, se integran en la gama de la Niño Jesús, que la completa con el Estecillo Syrah, el Estecillo tinto, Estecillo rosado y los Estecillos Legado, tinto y blanco, más complejos. Para comprobar el buen maridaje de los dos vinos presentados, el evento tuvo lugar en el Bar Izakaya–Mayor, 45. Zaragoza. 976 217 503–, donde su propietario y cocinero Carlos Gregorio, preparó algunas especialidades de la casa, centrada en las cocinas asiáticas. Con el blanco, Mini bowl de hummus de edamam y Yakitori de salmón; y Kushikatsu, brocheta de secreto de cerdo rebozada en panko y Gua bao de papada de cerdo, para acompañar el tinto. Ambos vinos salieron reforzados de sus respectivas alianzas gastronómicas, lo que habla de su potencial como acompañantes gastronómicos.

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